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Introspección

Si las puertas de la percepción se abrieran
todo aparecería al ser humano tal y como es: infinito.
Dado que el hombre se ha limitado a sí mismo, divisando
las cosas a través de las estrechas rendijas de su propia caverna”.

Willima Blake-“Las bodas del cielo y el infierno”

El silencio, el compañero de la noche, que desafía a la agonizante ausencia del pensamiento se ve interrumpido por un suspiro que se escapa en el viento arrastrando la mente hacia el piélago de la afonía. Ese suspiro que emigra al plano reflexivo vuelca la mirada al silencio, y este silencio al devolver la mirada mimetiza las acciones circundantes del ser, como en el caso de Franz Kafka que mimetizo su entorno en el escarabajo de Gregorio Samsa.

La mente se enclaustra en una habitación donde el regente es la nada, es aquí donde se tamizan las acciones y se digitalizan en imágenes de lo que es o lo que puede llegar a ser. La visión del hombre se confina a la primera percepción que se tiene de las cosas, pero al realizar un corte transversal de esa idea encontramos un sin fin de probabilidades. Sin embargo, en ese instante en que el silencio devuelve la mirada al pensamiento la mente puede fenecer ante la locura, ya que la clarividencia del mundo material encallaría en el plano de lo infinito.

El hombre ha colocado un antifaz en su mente para así proyectar las cosas al plano finito, al plano mundano donde tarde o temprano todas las acciones llegarán a su fin. Este aspecto se puede vislumbrar claramente en el libro de Metamorfosis, donde Gregorio Samsa deja de ser visto como un ser humano por su familia en el momento en que se retiran los muebles de la sala que obstruían el camino de Gregorio. La familia de este escarabajo deja de ver mas allá de su apariencia física, discriminando por completo lo que una vez fue.

La mente es uno de los lugares más peligrosos que puedan existir, ya que con un descuido se puede dilapidar completamente la cordura. Grandes escritores como Virginia Woolf, Thomas Mann, Franz Kafka – entre otros - dirigieron su mente a personajes ficticios que en cierta forma fungían como avatares de su propia percepción. En el caso de Kafka funge como su avatar en el que su estado de ánimo se ve mermado por razones desconocidas, en el caso de Thomas Mann se encierra en su obra matices de sufrimiento que circunscribieron su vida.

La capacidad de la mente es inimaginable, puede procesar un sin fin de variables en un solo instante. Podemos dar a entender cualquier cosa simplemente para mantener a raya a los curiosos, pero en el interior de cada uno donde impera la mente, el silencio toma acto de presencia perturbando los sentidos al dejar entrever el alcance del pensamiento. La mente puede perderse por completo ante un mundo análogo donde las acciones hubieran tomado un curso distinto. En ese momento nuestra mente se puede volver un simple vagabundo del pensamiento tratando de digitalizar un mundo alternativo.

Como menciona el epígrafe de este documento, el hombre se ha limitado a si mismo, divisando las cosas a través de las rendijas de su propia caverna. Si bien el hombre ha hecho esto ha sido para poder protegerse de alguna manera. La percepción que tiene el resto de las personas de uno mismo puede llegar a marcar la conducta de cada acción, el ser humano, sin percatarse, se puede sujetar de la mano a la maldad, es decir que su subsistencia recaería en hacerle daño a los demás o bien hacerlos sentir mal. Cuando el individuo se encuentra en un silencio mental, puede llegar a la respuesta que toda la habladuría mal intencionada no es mas que puras palabras.

Como se menciono en líneas anteriores, la mente es un lugar peligroso ya que se pueden perder los sentidos y la percepción de la realidad, y el silencio es su fiel compañero debido a que en el se procrean las añoranzas tiempos pasados. Es en este punto donde entra una limitante del hombre, ya que el estar sujeto tanto al pasado como al futuro cohíbe y merma el actuar diario, en cambio el vivir solo el presente y gozar de cada día implica un actuar mas libre. No hay que fiarse del futuro, y tampoco desgranar por completo al pasado hay que rescatar los aspectos positivos y aprender de cada error.

Los mantos de la afonía inducen la capacidad reflexiva del individuo, a tal grado de viciar el pensamiento en el propósito de cada cosa. Pero también esta afonía, este silencio conduce a la reflexión de aquellos aspectos seguros de la vida, es decir de aquellas situaciones que indudablemente van a ocurrir. La mente puede disipar nuestra atención a aquellas posibles situaciones que ocurrirán si tomamos un determinado camino, o si realizamos determinadas acciones. Al final se da cuenta uno que lo verdaderamente seguro en la vida es la muerte y que tarde o temprano cada individuo se dará cita con ese destino.

En el momento en que el silencio inunda nuestra mente la reflexión hace acto de presencia, este momento es el que permite ver el tipo de persona que se es. Se puede divisar si nos acongoja, o bien nos estamos dirigiendo hacia una monotonía; también se puede divisar la verdadera repercusión emocional que pudiera tener algún percance en nuestro actuar diario, y si no se da cuenta uno que este percance no tiene subterfugio alguno la mente se enajenara de la realidad enfocándose en un asunto que no puede remediarse, dejando pasar aquellos problemas que pueden mejorarse.

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