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Decadencia Social

La civilización no dura porque a los
hombres sólo les interesan los resultados de la misma:
los anestésicos, los automóviles, la radio.
Pero nada de lo que da la civilización es el
fruto natural de un árbol endémico. Todo es resultado
de un esfuerzo. Sólo se aguanta una civilización
si muchos aportan su colaboración al esfuerzo.
Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde.

Ortega y Gasset

La sociedad vive aquejada ante el espectro que amenaza los derechos y principios, hundiéndose en el ocaso mientras que la necrosis consume las entrañas de la civilización. En el libro La Corrupción de un Ángel (Tennin Gosui) de Yukio Mishima se hace referencia a lo largo de la historia a temas como la reencarnación y seres divinos como los ángeles.

De acuerdo con esta temática que se maneja en el libro, los ángeles se encuentran todavía ligados a la vida terrenal donde pueden todavía reencarnar. Al igual que mencionan las escrituras budistas los ángeles tienen todavía la característica de la mortandad, por lo cual pueden ser corrompidos. Algunos de estos signos son el sudor que vierte de las axilas, se mancha el traje del ángel, pierden la timidez y dejan de emitir luz o adquieren un estado fétido.

Uno de los personajes principales es Toru, el cual cree ser la tercera reencarnación de Kiyoaki. Este personaje presenta características de una autosatisfacción malévola, la cual se puede apreciar en su relación con Momoko. Desde el principio de la relación presentaba tintes de hostilidad hacia la hija de Honda, hasta el grado de serle infiel solo por el hecho de lastimarla.

En este libro de Yukio Mishima se encuentran otros personajes que se relacionan en cierto sentido con los ángeles, o devas. El personaje de Kinue afirmaba que era demasiado bella, a tal grado de ser una mala fortuna puesto que todos los hombres querían tomar ventaja de ella. Este personaje se sentía superior al resto de las personas hasta sentirse en cierto punto una divinidad.

La última entrega de la tetralogía El Mar de la Fertilidad hace alusiones a una sociedad donde la falta de esperanza, la corrupción, la intolerancia – en todas sus vertientes-, la violencia, la indiferencia han manchado el traje del ángel que daba cobijo a la humanidad, mostrando una decadencia social. La miseria es una de las caras del decaimiento, sin embargo no es la carencia de recursos que margina a los pueblos y los abisma en la inermidad, sino la miseria humana. Hacia donde quiera que se dirija la mirada se puede percibir a la hidra que muestra las diversas caras del deterioro social.

Una democracia no es en realidad más que una aristocracia de oradores, interrumpida a veces por la monarquía temporal de un orador (Thomas Hobbes). A lo largo de la historia se han visto a estos oradores que tratan de manipular a la sociedad donde se incita a la intolerancia y a la imposición de ideas. La sociedad mexicana se ha convulsionado con la presencia de estos oradores que se sienten una especie de Kinue, con una pequeña diferencia, se suprime la belleza por el acoso de querer evitar que este orador le de una supuesta mejora a la sociedad.

La sociedad se ha acalambrado ante la intolerancia, ante la destrucción de los principios democráticos al tratar de imponer la decisión de una minoría a la decisión de la mayoría. Estos son claros síntomas de retroceso. Los indicios de la corrupción que mostraba el mundo en 1970 cuando Yukio Mishima redacto La Corrupción de un Ángel se postergan hasta nuestros días.

La falta de moral, de principios, la intolerancia, son hechos derroteros que marginan a la sociedad. El seguirle otorgando concesiones a esta decadencia social provocará que la mente y el corazón de la humanidad se abisme en la oscuridad donde la decadencia y la humanidad formaran una sola entidad.

¿Debemos seguir apáticos, indolentes, huecos, insensibles ante esta decadencia? Acertadamente Hobbes estipulo en una de sus máximas, el hombre es el lobo del hombre; se ha permitido que la deshumanización devore el corazón del hombre, facultando al espectro de la decadencia la migración hacia el plano de la cotidianidad. Permanecer al margen, el pretender que no existe la decadencia social solamente le dará continuidad al veneno que es heredado a las generaciones venideras. La humanidad se escuda en ese mismo hecho, ¿debemos seguir adargados en la frase: ¡soy humano, no soy perfecto!?

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