La Vereda
Caminando por la vereda mis pasos me conducen al atardecer que se posa en mis hombros. Sin darme cuenta una silueta aparece a lo lejos; la distancia impide que mis ojos la distingan. Mi corazón se inquieta y dirige mis pies hacia esa silueta.
A cada paso que doy la silueta comienza a tomar forma. Y se va haciendo cada vez más parte de mi destino. Mis ojos se intrigan ante tan hechizante figura. La distancia empieza a dejar de ser un obstáculo, la figura se vuelve a cada instante tangible y real. Mi corazón se acelera, mis labios se enmudecen, mis ojos se maravillan al ver como el atardecer empieza a bañar la silueta dejando ver una dulce mirada adornada de una tierna y exquisita sonrisa.
Mi corazón late de alegría al ver a esa hermosa mujer que llego a mi camino. Mis labios recuperan el sentido, y la belleza hechizante de esa mujer me roba las más hermosas palabras de amor. Continúo mi camino por la vereda al lado de la mujer que cautivo mi corazón. El atardecer ilumina nuestro camino dándole paso a la luna que nos envuelve con su luz plateada, presagiando un largo camino de la mano de la mujer que el destino puso en mi camino.










